La frontera fantasma: destrucción ambiental, cambio climático y migración

los fantasmas son una forma en la que los sistemas abusivos de poder se dan a conocer, es la forma en la que se manifiestan en la vida cotidiana; especialmente, cuando en apariencia han llegado a su fin (la esclavitud, por ejemplo) o cuando se niega su naturaleza represiva (como el trabajo libre o la seguridad nacional). […] Lo que es distintivo de las apariciones de fantasmas es que son un estado animado en el que la violencia social reprimida o no resuelta se hace presente, a veces muy directamente, a veces de manera más torcida. […] los fantasmas aparecen cuando el conflicto que representan ya no está siendo contenido, reprimido o bloqueado de nuestra vista. ”


Ghostly Matters, Avery F. Gordon



En todas las fronteras del mundo hay una especie de piedras a las que se les llaman hitos o mojones… sirven de señal para marcar el límite entre países.

Lejos, allá, metida en el mar, hay una de esas piedras. Tiene forma de obelisco… o lo que queda de él.

Parece un fantasma.

Es el fantasma de la frontera de Honduras con Guatemala en el caribe hondureño.



English version here


Crédito: John Mavesoy Córdo (edición y voz)



I ) El mar llegó para quedarse


“Para ver lo que quiere ver, vamos a tardar. Esa piedra que busca ya está metida en el mar”. Me dice Iván, el pescador.


Iván es menudito, delgadito, pienso que pesa igual que la espuma del mar. Me mira con duda, pero su mirada es serena como la marea del Caribe y en cada respiro exhala calamidad. Es como si el infortunio lo hubiera poseído tras luchar contra él, y ahora, el agobio ha colonizado la expresión de su cara. Parece que a Iván lo desterraron a algún rincón de él mismo en donde anda por ahí sentado esperando a que algo o alguien lo llame para volver.


Iván es un hondureño de la costa caribeña. Nació y vive en Barra de Motagua una comunidad del municipio de Omoa en el departamento de Cortés, Honduras. Omoa es frontera con Guatemala. Este mar parece tan tranquilo que pienso que podríamos llegar nadando al país vecino.


Iván está sumido en una terrible realidad. A su comunidad y a la vecina, Barra de Cuyamel, se las está tragando el mar.


Estas dos localidades se encuentran dentro del Parque Nacional Cuyamel-Omoa (PANACO) que fue denominado área natural protegida mediante acuerdo ministerial en el 2011. El sistema de humedales de la zona núcleo de este parque es vital para la conservación de la barrera de arrecifes mesoamericana -la segunda más grande del mundo- y por tal razón se declaró sitio RAMSAR de importancia internacional en el 2013.


Los humedales, los cuerpos de agua, los animales, las tierras y el resto de los ecosistemas en este lugar permiten que las comunidades de la zona obtengan el alimento diario para subsistir.


Barra del Motagua y Barra de Cuyamel se localizan dentro del Parque Nacional Cuyamel-Omoa (PANACO).

Mapa elaborado por Gustavo Cabrera, 2012, via Ramsar.


Observo a Iván mientras camina ligero y pienso en Gustavo Cabrera, un biólogo que ha trabajado durante varios años en el área del PANACO. Recuerdo lo que me dijo un día antes de encontrarme con Iván: “el mar... pues ya se está recorriendo. Se comió el 70%-80% de las localidades de Barra de Cuyamel y Barra del Motagua. En poco menos de diez años se ha perdido un kilómetro de costa.” Es decir: de playa, de tierras cultivables y la tierra en la que están asentadas las comunidades.

Crédito: John Mavesoy Córdoba (edición)


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Es muy temprano. Todavía no dan las siete de la mañana y la humedad se respira. Ya estoy en Cuyamel. En Barra de Motagua, Marcos, un joven biólogo y yo nos encontraremos con nuestro guía Iván, el pescador. Desde 2012 ya se hablaba del inminente avance del mar hacia tierra firme y de la emigración resultante. El hundimiento, dicen, es muy claro. Se observa en la vegetación, se observa en las casas abandonadas y se puede ver en una piedra en forma de obelisco hecha por el hombre para marcar la frontera entre los dos países. Esa piedra está quebrada y se hunde en el mar cuando sube la marea.

Crédito: John Mavesoy Córdoba (edición)


Según el Diagnóstico biofísico Cuyamel-Omoa del 2016, las razones por las que el mar está invadiendo la costa de Omoa son cuatro: “el calentamiento global y el cambio climático que provoca la subida de los niveles del mar; la modificación de la línea costera por efecto de la construcción de malecones o rompeolas a lo largo de la costa municipal de Omoa; la desviación del cauce del río Motagua ocurrido en 1998 por el huracán Mitch y, finalmente, el terremoto del 28 de mayo de 2009 que […] provocó el hundimiento de grandes parcelas de tierras cultivables (aproximadamente 470 Manzanas) y la deformación de la superficie del suelo en toda la zona residencial con lo que se presume que las comunidades quedaron bajo el nivel del mar facilitando que las aguas invadan el suelo continental y además la intrusión de agua marina en extensas áreas de cultivo.”


El aumento en los niveles del mar es un fenómeno que ya se observaba desde hace tiempo. Lo que ocurrió fue que el terremoto del 2009 potenció el avance del mar tierra adentro.


AQUÍ NO HAY DÓNDE IR


Hay un punto rojo en el horizonte. Mientras avanzamos en la moto-taxi que nos lleva a Barra de Motagua, el punto rojo se hace un humano haciéndonos señas. Es el pescador que nos va a acompañar hasta la frontera para que pueda ver el obelisco.


El camino hacia la piedra es largo, largo, largo. Toda la playa está infestada de unos bichos malandrines que andan en pandillas organizadas: los jejenes. Hace calor y esos insectillos pican a la velocidad de una ametralladora. Dejan círculos rojos en la piel. Al llegar a la piedra: ¡Heeeeeeee! Hace Iván en un sonido no tan largo y medio agudo: ¡Allá hay más jején!


El pescador bonachón de la zona se ríe. El mar cada vez con más frecuencia, toca a su puerta.


No importa, les digo. Vamos.


Los jejenes nos acompañan.


Iván conoce toda la zona y ha visto año con año cómo ha avanzado el mar. Mientras caminamos me explica que toda esa inmensidad de agua salada que veo, antes no estaba ahí. No había agua salada; había estero, manglar, peces, gente, casas, tierra cultivable y la playa estaba lejos, lejos.


Él dice que aquí antes estaba parte de su comunidad y, así como el manglar y toda la vegetación, todo ha ido desapareciendo. Sus palabras están llenas de infortunio.


El pescador va por un cayuco y nos hace señas de que nos montemos. El agua está por todos lados.


La casa de Iván apenas se sostiene.

Crédito: John Mavesoy Córdoba (edición)


El tedio absurdo se apodera de Iván mientras pronuncia esas palabras.


En el informe sobre Cambio y Justicia Climática en Honduras 2017, en el cual Omoa está incluido, se habla de la reubicación. Es un tema que está sobre la mesa desde hace años. Según el estudio, la alcaldía había identificado un terreno en Cuyamel para reubicar a las familias desde 2015. El costo era de 3 millones de lempiras (119,520 dólares) pero todo es de dominio privado y la municipalidad no quiere pagar. En el reportaje de Contra Corriente de 2018 sobre cambio climático y migración en la zona, Ricardo Alvarado, el alcalde de Omoa que lleva nueve años en el poder, menciona que el terreno ya se tiene y que la municipalidad lo está otorgando.


A inicios del año 2020, un reportaje de Tiempo Digital anunció la llegada de fuertes lluvias al golfo de Honduras en el Caribe. Esto puso en alerta a todas las comunidades de la zona del litoral atlántico, entre ellas, las comunidades de Omoa.

Aunque se anunció la evacuación de las familias de las Barras, algunas de ellas no se fueron a ningún lugar porque, simplemente, hasta la fecha, la reubicación sigue siendo temporal y la gente sigue sin tener a donde irse de manera permanente.


Anduvimos en cayuco lo más que pudimos para avanzar hacia la frontera. Pero llegamos a un cerco que nos cortó el paso. “¿Y de quién es esto? ¿Por qué no podemos pasar?” “Es propiedad privada,”dice Iván, y me mira. “Es de los palmeros.” Me contesta con palabras secas, muertas, ahorcadas, pero antes de que yo pueda continuar preguntándole, el cayuco se tambalea mientras el biólogo intenta pararse.


“¡Siéntese!” le habla Iván. Casi nos volteamos y quedamos colgados del alambre de púas. Mientras nos tambaleamos veo del otro lado unas casas que todavía quedan en pie, pero que cuando el mar se las coma y la gente tenga que salir ya sabemos dónde irán.


Iván dice que solo se asusta cuando el mar está enojado, cuando el mar toca a su puerta y quiere entrar. Se ríe nervioso de una realidad que se filtra como agua salada bajo los cimientos de su casa y humedece las paredes.


Sin embargo, el aumento en el nivel del mar no es la única consecuencia de nuestro sistema de producción y consumo que se filtra en la casa de Iván e impulsa la migración. El monocultivo de palma africana también avanza sobre la gente y sus recursos, presionandolas también, a migrar.


II ) La palma llegó para quedarse


El aumento en el nivel del mar es producto del terrible cambio climático provocado por las acciones humanas a nivel global. Nuestros hábitos de consumo y producción de energía, la industria, la explotación de recursos y la contaminación que generamos han llevado a cambios desastrosos en el equilibrio del ambiente que amenazan nuestra supervivencia en el planeta. El cambio climático se cierne como un tormentoso fantasma sobre nuestras cabezas… y las reclama.


Pero verán, la gente de aquí está presionada a migrar no sólo por el aumento del nivel del mar sino también por el desastre ecológico ocasionado por las formas de consumo y producción que contribuyen a exacerbar el cambio climático.


En Honduras, la palma africana ha sido eje de la política agrícola en años recientes. El aceite de palma se utiliza para la producción de alimentos procesados y biodiesel, el cual supone una contaminación menor y es parte de las “energías limpias”. Desde 2006, el Estado hondureño se propuso expandir a 28,000 hectáreas los cultivos de palma. Esto ha afectado particularmente al PANACO, donde el humedal se está deforestando todos los años para dar cabida a cultivos masivos de palma africana. Tal situación ha derivado en la destrucción de los de los recursos naturales de esta área natural protegida.


La destrucción ambiental que generan estos cultivos no es cosa nueva---mucho menos los conflictos sociales que ha provocado en otras partes Honduras. Pero las historias de palma en los humedales de Omoa asociados al despojo de tierras, al desastre ecológico y la migración son voces ahogadas.


Yo no conocía la obscura historia del PANACO.


LOS ANTECEDENTES DEL CAMBIO


Llego a Masca, una comunidad garífuna, situada en Omoa. Aquí empezaron mis primeras pistas sobre la relación entre la migración y el despojo de tierras para el cultivo de palma africana y sobre uno de los eslabones que liga las acciones del hombre al desastre ecológico que se traduce en cambio climático.


Masca es pequeño. Yo vengo buscando a una luchadora social que llamaremos Jacinta. Ella me da indicaciones de llegar a una palapa en donde vende comida. Al llegar a la entrada del pueblo tomo un moto taxi y le indico al conductor a dónde voy. Voltea a verme, me observa de pies a cabeza y me lleva hacia la playa sin dirigirme la palabra.


Llego a la palapa y pregunto por Jacinta. Una mujer morena con una sonrisa parecida al amanecer sale de la cocina. “Soy yo,” me dice. “¿En qué le ayudo?”


Bueno, aquí el cambio climático está pegando fuerte y la migración terminará sucediendo… sólo que me parece que hay otros factores ligados al desplazamiento de personas aquí en la zona: el despojo de tierras para la siembra masiva de palma africana. Entonces, me parece que la gente ha migrado por despojo también.


Jacinta ya tiene sus años. Ella habla de experiencia de lo cotidiano en sus comunidades; habla de la forma en la que el despojo se ha filtrado en el día a día, pero que se cuenta a susurros para que no maten a nadie.


“Pues mire… lo hacen por dos vías,” me dice Jacinta. “Empezó aquí en las barras antes de ponerse el cultivo de palma africana […] Eran personas que mataban a los dueños de las propiedades… para que los hijos vendieran los terrenos. Mataron como a tres. El finado Tino, dueño de un supermercado, estaba ahí en la mañanita, ahí en Cuyamel… Y llegaron a matarlo para que los hijos vendieran el terreno para sembrar la palma porque a él ya le habían hecho propuesta y no estaba interesado. [Además] le mataron al hijo. Y de ahí otro dueño de parcela que se llamaba Darío Martínez lo mataron y los hijos de él sí vendieron.


Luego los mismos matones iban a sembrar la palma. La violencia empezó con el cultivo de palma en los humedales. Luego, cuando ya cultivaron, ya llegó una aparente calma. Esto fue en 2008-2009 y hasta 2012 se llevó a cabo. Aquí era el viejo oeste y muchos se fueron para Estados Unidos. Mucha gente migró de mojados y los que se quedaron se armaron hasta los dientes.”


“Me vendés y te vas o te morís,” dice Jacinta en voz baja y firme. “Aquí se dio de esa forma…”


Yo me quedo con la boca abierta. Jacinta continúa.


“Aquí en Masca se sobrevive de la pesca y del poco turismo que entra… Con los pesticidas que utilizan para la palma hay ocasiones en que quedan muertos los peces en la orilla de la laguna de Jaloa… y esa también… ya casi ni existe.”


Jacinta termina de hablar, desairada. Su sonrisa ya no es como el amanecer. Sus ojos se van hacia el horizonte del mar Caribe. Ese horizonte se mira sombrío.


De pronto recuerdo que uno de los problemas más grandes según el estudio sobre justicia climática de 2017 en Honduras es que los recursos naturales y el medio ambiente se ven como mercancías y que esto se manifiesta de una manera generalizada en la política pública medioambiental. Según este estudio de 2017, la influencia de los Estados Unidos y su visión mercantilista de los recursos y el medio ambiente, subyace la “Visión de País 2010-2038: Plan de Nación 2010-2022”, elaborado por el Estado hondureño. Dicho Plan es “una clonación” del documento Desarrollo Territorial Sostenible elaborado por el Centro de Investigaciones Económicas y Sociales del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COEHP) y financiado por USAID.


Los humedales del PANACO que se intentan proteger son importantísimos para mantener el equilibrio entre el agua salada, el agua dulce, la reproducción de los peces comestibles y la barrera de arrecife mesoamericano que no sólo aporta el sustento económico en Omoa, sino también el de otras comunidades en México y Centroamérica.


Jacinta, le digo, yo me pregunto qué hace el monocultivo de palma africana en un área natural protegida.


Mire, me dice ella, para entender lo que ha pasado aquí, va a tener que hablar con otras personas. Vaya con ellos, ellos le pueden decir.


ÁREAS NATURALES PROTEGIDAS SIN PROTECCIÓN EFECTIVA


Para que un área específica sea considerada legalmente como área protegida en Honduras se necesita, en primer lugar, que el Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo Forestal, Áreas Protegidas y Vida Silvestre (ICF) emita una propuesta de declaratoria de área protegida. En 2011, el ICF, mediante acuerdo ministerial 008-2011, delimitó un área de 30,031 hectáreas en el municipio de Omoa, dentro de la categoría de Parque Nacional. Se le llamaría Parque Nacional Cuyamel-Omoa.


El paso siguiente es que el Congreso Nacional de Honduras haga la declaratoria oficial. La propuesta pasó al Congreso y no se sabe por qué ahí se estancó, dado que el ICF ya había hecho el acuerdo oficial para el parque y la Unión Europea aportó recursos adicionales para elaborar un Plan de Manejo del PANACO en el marco de su proyecto PROCORREDOR que apoya cualquier iniciativa para salvar al arrecife mesoamericano.


En ese Plan de Manejo, elaborado en 2012, se estableció que la zona núcleo es de absoluta conservación, es decir, que ahí no se puede hacer nada. Ningún cultivo, nada. La zona de amortiguamiento, por su parte, se divide en sub-zonas en cada una de las cuales se permite una actividad específica que se alinea con la conservación del área en general.


Subsecuentemente, como los humedales del PANACO son parte del ecosistema del Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM), el parque se declaró sitio Ramsar de importancia internacional en 2013.


HISTORIA DE LA DESTRUCCIÓN DEL PANACO


Llego en un mototaxi a una tienda. Ahí quedé de verme con dos personas conocedoras del tema ambiental en la zona. Es preferible no mencionar los nombres de los informantes. Diremos que hay uno que se llama Ramón y que, según se cuenta por estos lugares, ha trabajado para Dios y para el diablo. Su historia es otra, tal vez un día se pueda contar.


En Honduras el ambiente se enrarece siempre que se toca el tema de la lucha social por los recursos naturales.


“Bueno y ¿qué quiere saber?". Me dice seco Ramón después de interrogarme.


Mire, aquí en Omoa hay migración por cambio climático, pero hay una cadena de eventos y acciones que también presionan a la gente a que migre. La gente migra porque hay proyectos productivos de palma africana ligados al despojo de tierras y al desastre ambiental en los humedales de una área protegida … estoy siguiendo el hilo… y bueno, el PANACO fue declarado sitio RAMSAR de importancia internacional ¿cierto?


Ramón se ríe y baja la cabeza. "¡Ah, el sitio RAMSAR!” … dice con pesar. Luego mira hacia adelante, hacia el Valle de Cuyamel.


No hay aliento en los ojos de Ramón. Tal vez algún día lo vuelva a tener. Por el momento se le acabó.

Vaya. Me dice Ramón. Le voy a decir lo que pasa. Me mira desairado, escupe y dice.


Mire, las empresas internacionales propusieron la compra masiva del producto, del aceite de palma. Entonces lo que el gobierno propuso es una apertura para que la palma se convirtiera en uno de los bienes de mayor producción en el país. Principalmente en la zona de los valles costeros. Entonces aquí se genera una oferta a partir de la demanda que ya está presente. El gobierno empieza a fomentar el cultivo masivo de palma africana sin importarles las áreas protegidas. Se hizo vía ley esto que se promueva el cultivo de palma como fuente de exportaciones en el país para aumentar la generación de divisas. Está la ley de incentivos a la producción agrícola, pues cuando la gente ve esto, que les dan maquinaria, los permisos ambientales y un montón de cosas… incluso los grandes monopolios de palma dan precio para la semilla, así llegaron [los palmeros] a esta zona que estaba propuesta como área protegida. En este valle de Cuyamel, aquí se producían cítricos, cacao, había ganadería. Eso sostenía la economía de un montón de gente. Me dice con decepción. Pero le metieron tanto, los convencieron tanto, que los ganaderos cambiaron sus ranchos por cultivo de palma.


Esto fue el gobierno con empresas privadas, ahí está la COMPACAL.


Fueron a comprar sus tierras y al que no les vendía lo rodeaban o lo amenazaban, le compraban todo alrededor y no lo dejaban pasar. Entonces hubo mucha venta voluntaria, pero también forzada.


Por ejemplo, había un caso que una gente tenía sus cultivos en la parte de abajo o [tenía] ganado, y vinieron los palmeros y compraron todo adelante y cerraron el paso para que ya no pasara. Entonces había que estarles pidiendo permiso para pasar y ponían gente armada en las vías de acceso y empezaron a darse asaltos en la zona y entonces la gente se vio obligada a vender en la zona. Esta gente sobrevivía de esta tierra, pero una vez que la vendieron, entonces esta gente empezó a emigrar para dos lados: primero los jóvenes, como ya no tenían trabajo, empezaron a migrar para el norte, a irse fuera del país, y los adultos que no pueden emigrar empezaron a comprar en la parte alta.


Vaya, todo esto empieza a darse en 2012. Hay gente extorsionada porque meterse con los palmeros… normalmente hay narcotraficantes.


Nos quedamos callados.


Aquí estamos cerca de la frontera, ¿verdad? le digo a Ramón. Me voltea a ver; sus ojos me hablan. Me dice que sí y que hay que tener cuidado. Pero aquí de todo hay que tener cuidado. No se sabe en quién confiar. Todo mundo puede ver la corrupción, pero el poder silencia a la gente; la convierte en cómplices ciegos, sordos y mudos.


“Entiendo,” le digo. Lo miro fijo. Ya no sé con quién estoy hablando. Cualquier persona, incluyéndome, puede terminar siendo abono para palma africana. Ramón se queda en silencio mirándome y continúa hablando.


Los palmeros se adueñaron de todo. Esta era un área protegida propuesta. Entonces los palmeros de ahí se agarraron y secaron todo, destruyeron los humedales, destruyeron más de 1,800 hectáreas en menos de tres años.


La laguna de Jaloa ya no existe, los palmeros canalizaron todo [los cauces de los ríos] a la laguna de Jaloa y ahora el río entra directo y todos los días se está acumulando sedimento hasta que la laguna se secó.


Yo le digo a Ramón. Entonces ha sido toda una estrategia de despojo. Sí, me dice y me mira, me mira con unos ojos de profundo resentimiento.


Escuchamos el motor de un vehículo a la distancia. Yo veo un sombrero que sube y nos alcanza. Es otro informante, “Santiago”. Nos saluda y nos sonríe.


Siga, siga, Ramón. Dice Santiago. Santiago tiene un aire más campechano y menos empacho en hablar. Ramón no.


Ramón traga saliva y sigue.


Vaya, pues una vez que entró la palma aparecieron propietarios, extrañamente, de terrenos públicos. Traían documentos de propiedad, pero los papeles nunca habían existido. Entonces hay gente del gobierno de alto nivel que está ahí metido. Entonces, en vez de promover otro tipo de cultivo más equitativo, que genera más empleo, pues… porque la palma no, sólo [se trabaja] en tiempo de corte. No necesita mano de obra. Entonces hay una crisis tremenda.


Esto empezó a darse en 2012. Hay gente extorsionada porque meterse con los palmeros, pues… aquí es peligroso porque estamos en zona fronteriza.


Ramón se calla y Santiago toma la palabra:


Mire, ahorita la cosa está así: el humedal está reducido a los cuerpos de agua. Todo lo que era bosque inundado, está aplanado y drenado y sólo hay un tramito que mide como ocho metros de profundidad que no pudieron rellenar porque ahí es el mero corazón del humedal; donde converge el río Chiquito, Montagua y Tegucigalpita, donde convergen esos tres ríos, ahí es el punto, el corazón.


Todos los ríos están canalizados. Los humedales se llenaron de Palma. Todas las curvas que hacen los ríos de forma natural los hicieron como línea recta. Ahora las aguas viajan a mayor velocidad, la palma no se inunda y todo el sedimento se descarga rápido y se acumula el sedimento en las lagunas.


“¿Y Noriega?” les pregunto.


Los dos me miran. Ramón se levanta. Se va. Santiago empieza a hablarme. Me dice serio que hay alguien que me puede platicar más de él. Aquí ya no. Sólo le digo que es un tipo peligroso… está ligado con el gobierno… él traficaba madera y está relacionado con Fredy Nájera. Ése está acusado de narcotráfico en Estados Unidos. Y acá es punto fronterizo.


EL GOBIERNO HONDUREÑO DETRÁS DE LOS PALMEROS


Poco a poco confirmo lo que me han dicho, pero estos son muchos relatos entrelazados, como un rompecabezas. Aquí están parte de las piezas. El resto tal vez pueda contarse en otra ocasión.


Hay algo innegable: El inicio de las operaciones de la Cooperativa Mixta “Palmas del Caribe” Limitada (COMPACAL) es, por decir poco, turbio.


La COMPACAL inauguró el monocultivo de palma africana en el PANACO antes de solicitar la licencia ambiental requerida por ley. Así se establece en el Informe Técnico 66/2014 de la Secretaría de Energía y Recursos Naturales, Ambiente y Minas (SERNA), hoy día MiAmbiente. Esta Secretaría es la encargada de cuidar los recursos naturales, emitir las licencias ambientales y sancionar a quienes no cumplan con las leyes. Y la Dirección de Evaluación y Control Ambiental (DECA) de la SERNA es la encargada de inspeccionar los proyectos en el lugar que se realizan y verificar que éstos cumplan con la normativas.


La apoderada legal de la COMPACAL, Lizeth Rebecca Melara Raquel, solicitó a la SERNA la licencia ambiental en octubre de 2013. La SERNA mandó a personal de la DECA a una inspección de campo. Es entonces cuando se informa oficialmente que la COMPACAL ya tenía sembradas 1,650 hectáreas de las 2,000 hectáreas totales del proyecto; que el cultivo se encuentra en un área natural protegida, de alto riesgo de daño ambiental; y que el uso de suelo no permite ese tipo de cultivo. La DECA concluye contundentemente que se debe consultar al ICF para que esa institución y sus dependencias se pronuncien a favor o en contra del proyecto.


Bueno, como el ICF hizo la propuesta para la declaratoria del PANACO y además, la Unión Europea le dio fondos para elaborar un Plan de Manejo en el que se dice claramente que la expansión de la palma en la zona es una amenaza, supondríamos que al ICF le correspondería defender el área.


Eso no fue así.


A pesar de que el Centro de Información del Patrimonio Forestal (CIPF) del ICF reveló en su dictamen técnico 037-2014 que el proyecto de la COMPACAL se encontraba tanto en la zona núcleo como en la de amortiguamiento del PANACO, el jefe de la Región Noroccidente del ICF, el ingeniero Pedro Romero, emitió una constancia en la que dice que el PANACO sólo era un área protegida propuesta por el ICF.


En el dictamen técnico APNO-01-2014 del biólogo Alex Vallejo, coordinador de Áreas Protegidas Noroccidente del ICF, cita partes del manual RAMSAR para el uso racional de los humedales 2010, pretendiendo justificar la siembra de palma en los humedales de la zona núcleo del PANACO. Acto seguido, Vallejo emite una serie de medidas para “mitigar” los daños y declara que el proyecto es VIABLE. Al final, el ICF, concluye que el proyecto de plantación en un área protegida propuesta es FACTIBLE. Y sin más ni menos añade que la SERNA tiene que cobrar una multa a la cooperativa por empezar a sembrar sin licencia.


La SERNA lo hizo: le cobra una multa a la COMPACAL equivalente a 200 dólares y luego le otorga un permiso provisional para que continúe operando. A esto hay que sumarle que el proyecto de la COMPACAL es categoría 4, o sea, uno de los que acarrea mayor riesgo para el medio ambiente por implicar daños irreversibles y de gran magnitud.


Es que todo esto no encaja. Ahora entiendo el tedio absurdo que se apoderó de Iván. La autoridad no está protegiendo ni a la gente ni al medio ambiente. La autoridad protege intereses.


Cualquiera diría que, en efecto, para la autoridad aquí el medio ambiente es mercancía.


Crédito: John Mavesoy Córdoba (edición)


Esto apenas es la punta del iceberg. La COMPACAL tiene mucho más que decir bajo la sombra de esas palmas. Pero esa es una historia más profunda, esa es otra pieza del rompecabezas, otro relato.


Lo otro que decía Santiago también es verdad. Guillermo Noriega y su hija, Gilma Noriega, miembros del partido en el poder, son dueños de la COMPACAL. Es el mismo Noriega que en 2004 estuvo involucrado en la destitución del director del antiguo ICF, Gustavo Morales, porque Morales le daba a Noriega permisos indiscriminados para la tala de árboles en el departamento de Olancho. En 2005, por presiones de Estados Unidos, Noriega enfrentó una investigación judicial por sus actividades comerciales.


Noriega y su familia están relacionados con el ex-presidente Lobo Sosa. Así dice el informe de la Agencia de Investigación Ambiental EIA, sobre tala ilegal.


Allá en Olancho, Noriega operaba sin licencia ambiental, del mismo modo como empezó a operar en el PANACO.

Lo que decía Ramón es que anteriormente había 6,700 hectáreas de humedal. La zona núcleo es de 5,663 hectáreas y, efectivamente, por lo menos según se ve en el mapa (arriba), 17.61% del área de humedales de esta zona tiene palma. El resto también está destruido. Una forma de ir introduciendo la palma es desviando el curso de los ríos, aplanando la tierra y deforestando para que se pueda cultivar. Así avanza la palma, como avanza el mar.


Caminamos, caminamos, caminamos y caminamos. Los jejenes siempre con nosotros. Voy buscando el obelisco que divide la frontera de Honduras con Guatemala. Iván dice que “esa piedra” antes estaba tierra adentro en el estero. Cuando el mar comenzó a entrar y a comerse las comunidades y todo lo demás, desenterró el obelisco y lo partió.


La base de “la piedra” como le dice Iván, la marca de la frontera, estaba bajo las aguas del estero. Ahora la base está descubierta, parece mangle con sus raíces afuera, en la intemperie, abandonada y esperando que se la trague el mar.

Crédito: John Mavesoy Córdoba (edición)


III ) Conclusión


El avance del mar sólo es un llamado, un eco perdido del desastre ecológico que hemos causado con nuestra manera de producir y consumir. El PANACO, su mar, su palma y todas las historias detrás de su destrucción son causas de las catastróficas consecuencias que ya ha anunciado la Organización Mundial para las Migraciones (OIM) en un estudio sobre migración y cambio climático de 2008. Según la OIM, para 2050 los refugiados por cambio climático ascenderán a 200 millones a nivel mundial.


La frontera es un fantasma acecha nuestra civilización. Aquí el mar sólo lo desencadenó. Desencadenó todas las consecuencias de un capitalismo que nunca se ha limitado a sus fronteras. El cambio climático que provoca el avance del mar, la destrucción ambiental por los cultivos masivos de palma y la migración son producto de nuestro sistema.


Al final el fantasma de la frontera vendrá a tocarnos a la puerta; así como el mar enfurecido toca la puerta de la casa de Iván.



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